7 estaciones: verano de nuevo
Los veranos de interior vienen en los manuales de instrucciones de los puzzles. Son la respuesta a los principios sin final, es uno de los sinónimos que encuentran las piezas que se han quedado sin participar en el baile, y que se encuentran desnortadas en la esquina menos poética de la habitación. Los veranos de interior son los que no tienen el mar. El mar es el libro de soluciones, pero los veranos de interior son igual de interesantes que un trozo de cielo perdido o que la impresión de unos ladrillos que no tienen un lugar concreto donde caerse muertos: puedes quedarte mirándolos y jugar a imaginar con qué encajarían mejor.
Por ejemplo imaginar que pasamos el día en un lago, desnudos, después de haber remado hasta el centro hasta quedar a salvo de los protectores solares de las cámaras digitales de la ropa de marca de los lunes de nueve a dos y de tres a seis. Y tiro porque me toca del tapón del lago y el agua, la misma que forma el cemento, se evapora hasta el centro de la tierra dejándonos tan desnudos y tan secos que tenemos que hacer el amor para que las viejas de la orilla sigan imaginando...
Por ejemplo imaginar que pasamos el día en un lago, desnudos, después de haber remado hasta el centro hasta quedar a salvo de los protectores solares de las cámaras digitales de la ropa de marca de los lunes de nueve a dos y de tres a seis. Y tiro porque me toca del tapón del lago y el agua, la misma que forma el cemento, se evapora hasta el centro de la tierra dejándonos tan desnudos y tan secos que tenemos que hacer el amor para que las viejas de la orilla sigan imaginando...
Comentarios